¿Dónde está el abuelo?
Hace días que el abuelo no está.
Hace días que no lo veo en su mecedora.
He preguntado a mi mamá.
Ella dice que el abuelo está en el cielo, y que desde allí me cuida.
Pero me cuesta imaginarlo sentado en una estrella mientras fuma su pipa.
He preguntado a mi papá.
Él dice que ahora el abuelo es un ángel.
Pero tampoco puedo imaginarlo con unas alas blancas y su pipa entre las manos.
También le he preguntado a la abuela.
Ella —que llora cuando cree que no la veo— me dice que el abuelo está de viaje.
Esa es la historia que más me gusta.
Por eso le he escrito una carta.
Bueno… más bien un dibujo.
Para que sepa que lo extrañamos.
Pero el abuelo no vuelve.
No está en ninguna estrella.
No tiene alas.
Y el viaje… parece muy largo.
Entonces decidí hacer algo:
“La caja del abuelo”.
En la tapa pegué una foto de los dos.
Y por dentro le guardo su pipa, mi dibujo, y piedras y hojas que recojo del parque.
Le estoy guardando el mundo…
…hasta que vuelva.
Pero el abuelo tarda mucho.
Y yo quiero que esté aquí.
Así que grité muy fuerte al aire:
—¡Abuelo Pepe! ¿Dónde estás?
El aire no respondió.
Y mi caja ya está llena.
Entonces entendí algo:
El abuelo no va a volver.
El abuelo Pepe ha muerto.
Ahora es papá quien me lleva al parque.
La abuela quien me cuenta aventuras.
Y mamá quien me mece.
Como él lo hacía.
No sé exactamente dónde está el abuelo.
No lo veo.
Pero lo siento dentro de mí.
Y cuando yo me muera, lo buscaré.
Abriré mi caja,
y le daré todo lo que le guardé.
Y le contaré cada aventura.
Y todo lo que hice.
Y todo lo que aún lo quiero.